La Medicina, sus estudiantes y el MIR (visto por un informático)


 @anserran es Ingeniero Informático y lleva 7 años y medio conviviendo con una médico. A continuación nos cuenta su punto de vista sobre la Medicina, sus estudiantes y el MIR:

¿Sabéis? Yo siempre pensé que María se inventaba lo de tengo-que-estudiar para evitar quedar conmigo cuando no le apetecía. Era la mentira que usaba yo constantemente cuando el plan de fin de semana con mis amigos no me convenía. Fue mientras ella estaba en segundo o en tercero de carrera cuando empecé a comprender que, desde luego, cuando no quería salir soltaba el tengo-que-estudiar, pero que el porcentaje de veces que mentía era mucho menor del que parecía.

Seamos francos: el mundo de la Medicina no es un círculo al que uno pueda entrar fácilmente. Quiero decir, cuando yo hablo de informática con cualquiera, y sobre por qué Android es mejor que iOS, todo el mundo tiene una opinión al respecto. Siempre equivocada, eso sí. Pero entonces la conversación versa sobre por qué yo tengo la razón y ellos no. Cuando María trata temas de Medicina con sus compinches… Bueno, digamos que para mí es complejo opinar, por ejemplo, sobre la importancia de que el hueso radio y cúbito estén alineados para la movilidad del brazo. ¡Demonios! ¡Llevo siete años con ella y me he tenido que inventar un tema médico para ilustrar el ejemplo porque nunca me entero de una mierda!

He llegado a pasar horas rodeado de estudiantes de Medicina contando chistes de, bueno, ¡Medicina! Aparentemente graciosísimos. Yo intentaba aprovechar descanso entre chascarrillo y chascarrillo para preguntar:

—¿Alguno tenéis iPhone? ¿No? ¿Os digo por qué Android mola más?— Con el tiempo acepté que la mejor solución era poner cara de acelga y esperar a que acabaran.

También tuve que aceptar, como axioma universal, el estado totalmente irracional que adoptaban los estudiantes de Medicina durante exámenes.

—Bueno, perdona, yo también me ponía fatal en exámenes, tampoco exageremos—dirán algunos, gente de letras todos ellos.

—No, perdona—les diré—que yo he estudiado una ingeniería y me estresaba las tres semanas que duraba la época de exámenes y ya. Y tú, que encima eres de letras, te estresarías como mucho media hora antes de empezar el examen, y después de acabar te irías de copas para celebrarlo.

El estado irracional de los estudiantes de Medicina dura mucho más. Alrededor de cuatro meses. Empieza de manera sutil, con tengo-que-estudiares repartidos en viernes y sábados no consecutivos, que poco a poco se expanden a los domingos. Y después a todos los fines de semana. Y después, a todo el rato, a un momento en el que ya no hace falta que pronuncien la frase. Basta con la mirada inyectada que recibes como respuesta a: “Mi amor, ¿dejas eso y vas a por el pan mientras me ducho?”.

Pues el estudio del MIR es un periodo en el que se condensan todas las épocas de exámenes de 6 años de carrera en 9 meses. Y bueno, fatal. Pero fatal, fatal. La dinámica que sigue esta preparación es un poco juegos del hambre: alegres jóvenes que antes eran  compañeros, pero que ahora sólo se interponen los unos a los otros en el camino hacia su plaza deseada.

Los estudiantes del MIR dedican una media de 9 horas al día a estudiar. Esas horas se distribuyen en cuatro subtareas: estudiar, mirar el percentil del último simulacro, calcular tu número de plaza a partir de un percentil (suyo o inventado) y llorar.

Durante el MIR, existen dos temas tabús. El primero, el percentil de su último simulacro. Ése es un tema delicado, la verdad. Al principio, les gusta compartirlo con sus otros compañeros, pero conforme se acerca el Día, son más reacios. Sí, hablan de como llevan tal tema o tal asignatura, pero por dentro están pensando:

—Qué zorra, qué percentil tendrá, que no lo dice. Mejor que el mío. Qué zorra.

Y la otra:

—Pedazo de zorra, qué percentil tendrá, que no lo dice. Mejor que el mío. Pedazo de zorra.

El otro tema tabú es cualquier cosa que no tenga que ver con el MIR. Subida del IVA, huracanes, fin del mundo… Se la suda todo. Te cambian de tema en cero coma y sin el menor pudor:

—Otra vez suben el IVA. Este mes entero a base de arroz.

—Sí, más vale que arreglen la cagada de los expedientes del Minsiterio. Como no lo hagan voy a allí y les pongo una bomba.

Tras mucho estudio, mucho percentil, mucha plaza y mucho lloro, por fin llega el Día.

Es febrero. Llueve fuera. Hace frío. Los examinantes llegan. Entran a las aulas. Se sientan. Reciben los exámenes. Contestan muchas preguntas. Pasan muchas horas. Salen. Abrazan. Lloran. Ríen. Gritan.

Ya está hecho. Ya está hecho.


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Morir de amor: Síndrome del corazón roto


Cuando en medio de una discusión en el telefilm del domingo por la tarde, la protagonista suelta eso de: “si me dejas se me parte el corazón”, seguramente no es consciente de que, de hecho, puede pasarle de verdad.

Si, ya nos lo habían advertido las canciones, se puede morir de amor. O mejor dicho, de un disgusto o una situación estresante.

Esto se conoce como Síndrome del corazón roto o Miocardiopatía de Takotsubo. Y, cómo buena enfermedad poco frecuente, cayó en el  examen MIR del año 2009.

corazonEl síndrome del corazón roto, al igual que el infarto de miocardio, produce un fuerte dolor opresivo en el pecho, cambios en el electrocardiograma y elevación de las enzimas cardíacas. Pero a diferencia del anterior, no se debe a una oclusión de las arterias coronarias, sino que su causa no está clara y puede deberse a un aumento brusco de adrenalina, desencadenado por una situación emocionalmente estresante.

Se describió por primera vez en Japón, y su nombre, tako-tsubo, hace referencia a que el ventrículo izquierdo se dilata, tomando la forma de una trampa para pulpos. Una vez diagnosticado el tratamiento es sintomático y, superado el momento inicial, suele resolverse en unas semanas.

Así que, mucho cuidado con con decir: “me vas a matar a disgustos”, no vaya a ser que al final sea de verdad.


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El MIR al desnudo


Por si alguien aún no lo sabe, mis amigos, mi familia, mi novio y yo, estamos preparando el MIR. Ellos aguantan no escucharme hablar de otra cosa durante meses, que les conteste a todos los planes con un “no sé que haré” que al final es un no, que lleve cinco meses con un síndrome premenstrual constante, y lo único que tengo que hacer yo, es pegar el culo a la silla cada mañana.

Y visto así, ¿no creéis que son ellos los que se llevan la peor parte? Por eso, cada vez que alguien me pregunta: “¿cómo lo llevas?” y yo contesto: “bien”, le echo una mirada de reojo a mi novio y en su cara puede leerse el grado de locura que he experimentado en las últimas semanas.

Y, a pesar de todo, no está siendo tan malo como me imaginaba. Yo pensaba que esto iba a ser un valle de lágrimas continuo, que iba a agotar las existencias de pañuelos de todo Madrid. Pero al final, solo consiste en hacer lo que todo recién licenciado en Medicina sabe hacer a la perfección, estudiar. Estudiar como nunca antes habías estudiado, sí, pero nada más.

Y es que, aunque es a mí a la que le da un vuelco el corazón cada vez que pulso el botón de “enviar” con las respuestas del simulacro, nunca me ha faltado alguien que me diga que el próximo saldrá mejor. Aunque soy yo la que se pasa una semana entera en pijama sin ver a nadie, nunca me he sentido tan arropada.

Que sí, que tiene mérito que yo me levante todos los días a la misma hora, para hacer exactamente lo mismo durante tantos meses. Pero también tiene mucho mérito que estéis todos ahí, aguantándome.

Ya solo nos quedan dos meses más. Y vamos a poder con ellos, lo prometo.


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¿Por qué ves doble cuando vas ciego?


– Mira si iré borracha que veo doble
- ¡Pero si son gemelos!
- ¿Los cuatro?

Es algo bastante popular, sobre todo en los chistes, que cuando a uno ya no le cabe ni un miligramo más de alcohol en sangre, ve doble. Esto no es ninguna leyenda urbana, otra cosa es a cuanta gente le haya pasado, porque no es uno de los síntomas más frecuentes de la intoxicación etílica.

Aunque si eres un buen observador y/o tienes una capacidad especial para observar desalienamientos oculares, seguro que has visto que más de uno de tus amigos tiene un ojo pipa cuando le empieza a sentar mal la última copa.

Esto es posible gracias a que tenemos dos ojos, cada uno de ellos forma una imagen, que el cerebro se encarga de unir y así convertirlas en una sola. Para que esto suceda, además de un correcto funcionamiento cerebral, es necesario que la imagen de ambos ojos sea muy parecida, y esto se consigue teniendo los ojos alineados.

La alineación de los ejes visuales es tan importante que existe un mecanismo de control muy fino, de forma que cuando se detectan pequeñas diferencias en las imágenes, el cerebro estimula el músculo correspondiente para que vuelvan a estar fusionadas.

Puesto que el mecanismo de control es muy complejo y esta compuesto por múltiples estructuras, no es díficil imaginar que las probabilidades de que algo falle son altas. Cuando la alteración es importante, como por ejemplo en la parálisis de un nervio o un músculo, aparece el estrabismo manifiesto. Pero si  falla algo más sutil, cosa que sucede en la mayor parte de la población, existe un estrabismo latente, que en condiciones normales es compensado por los mecanismos de control y solo se manifiesta ante determinadas exploraciones.

¿Y qué pasa cuando en una noche loca te has pasado con los copazos? El alcohol actúa como un inhibidor del sistema nervioso central (aunque inicialmente tiene efecto euforizante, este se debe a la inhibición de circuitos cerebrales de control de la conducta). Y cuando inhibe a las neuronas que mantenían a raya al estrabismo latente, este se hace manifiesto dando lugar a la visión doble.

Recuerda esto la próxima vez que alguien te haga una foto a altas horas de la madrugada y sigue mi consejo: es mejor salir con los ojos cerrados que con un ojo mirando a Cuenca.


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